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Diciembre 09, 2005

Las bragas de mi suegra

Lo que me paso fue como un sueño de los que tuve durante mucho tiempo con mi tía nunca hubiera pensado que pasara pero luego de pensarlo durante años se dio y yo quede como loco no lo he comentado con nadie por miedo a que alguien se entere pero he leído algo parecido y me anime, yo soy de Santiago de Chile. Ahora mi tía ya no esta tan rica, tiene 45 y yo 25, en el año 2000 entre a la universidad y eso fue lo que me permitió darme este gustazo.

Fue un domingo en la casa de mis tíos, ellos viven con mi prima y mi primo que además de mi tío son los tres deportistas por lo que cerca de las cuatro de la tarde yo partí a casa de ellos como lo había hecho ya hace como dos semanas que iba con la excusa de usar su computador porque yo aun no tenia. Toque el timbre y abrió mi tía, ella es una mina deliciosa tenia como 39 y sus tetas bien paraditas y grandotas todavía parecían de lola de 25, sobre su culito solo puedo decir que es el que más he esperado en mi vida, en ese entonces paradito, redondito y grandote, yo creo que sus medidas debían ser unos 95-70-100, bueno ella abrió la puerta y nos saludamos con un beso. Yo se lo di de una en la boca y ella me dijo que no lo hiciera mas, que ella ya me había advertido antes que no quería, pero yo ya se lo había dado la semana anterior también en la boca, como avisando algo que ni yo sabia que iba a pasar, entre a la casa, salude a los demás que estaban listos y esperando a mi prima para irse a la cancha para el partido de los domingos, yo sabia que mi tía quedaba sola, y me pasaba rollos con ella. Fui a la habitación de mi prima, me dijo que desocuparía enseguida el computador y que yo podía usarlo, luego se marcharon los tres dejándome solo en la casa con mi tía. Me puse a trabajar en lo mío cuando me di cuenta de que mi tía había entrado a ducharse, espere in minuto y partí a la ventana que daba al baño como siempre y me puse a espiar, esto lo había hecho siempre desde joven con ella, por eso que me tenia tan caliente, imagínense como un año esperando a una mujer con la que realmente nunca podría tener nada, pero esto me relajaba mucho. Me hice la paja viendo sus tetas, mirándole la zorra peluda y negra y esos cachetes redondos que esperaban que la penetrara con mi pene que no es tan largo pero de 6 cm de ancho, acabé y volví hacia la habitación. Escuche que ella salía del baño y pasaba por fuera hacia su cuarto y la seguí, entramos a su cuarto y la vi tapada con una bata de seda y una toalla en la cabeza, nos pusimos a conversar, ella me daba la espalda mientras buscaba su ropa y yo le miraba el culo con unas ganas locas de tenerla pero me aguantaba como siempre con unas sobadas en la polla.

Ella se volteo y se sentó en la cama dejando ver sus muslos ricos y duritos, ella sabia que me calentaba verla, yo se lo hacia entender mirándole sus muslos y luego mirándola a los ojos, pero nunca se dijo una palabra cuando la miraba, esta era la primera vez que se me pasaba por la mente que podía hacer algo con ella pero yo mismo me controlaba, pero esa vez pude ver mas allá, se le veía su zorrita peludita, por entre los pliegues de la bata, y todavía húmeda por el baño y ella noto que yo se la miraba, por lo que me advirtió que dejara de mirarla y que saliera para que se pudiera vestir. E Abría sus nalgas con mis manos, ver su estriado agujero trasero, me estaba volviendo loco, sentir mis muslos haciendo estallar sus nalgas, me estaba llevando al límite, paré de darle fuerte, para sobar sus tetas por delante, ella apretaba su coño, para hacérmelo sentir, le dije en un susurro, que deseaba darle por detrás, a lo que ella me respondió que nunca le habían dado por ahí, que eso tenía que doler mucho, pero cuando se la saqué y busqué la entrada de su culo, no hubo impedimentos por parte de ella, así que muy despacio y jugando con su agujero, poco a poco la fui abriendo hasta tener la punta de mi polla en su gran culo, ella se mordía los labios, y con su mano se daba placer, tirando a veces de mis huevos para refregárselos por su dilatado coño, yo abría sus nalgas y metía mi polla poco a poco, sacando pequeños gritos cada vez que ella sentía más adentro mi polla, así hasta que mi polla estuvo hasta los huevos dentro de su apretado culo, la saqué por completo y la metí varias veces de una sola vez, hasta que su agujero se quedó abierto y mi polla entraba y salía sin ninguna dificultad, fue cuando agarrándola de las caderas, comencé a embestirla con toda la fuerza que pude, era una pasada verla chillar como una loca, sentir como se metía los dedos todo lo que podía en el coño, y como se chupaba ella misma los pezones, así estuve varios minutos todos los que pude aguantar antes de soltar toda mi leche en ese estrecho y caliente agujero y todo lo adentro que pude. Pido las disculpas del caso por todos aquellos relatos que con segunda y terceras partes, jamás he completado. Recuerdo que murmuraba palabras entrecortadas y repetía “ahh, aaahhggg” mientras recibía toda mi potencia en su interior. Diez minutos de actividad frenética, hasta la explosión. Sus piernas se aflojaron y mi cuerpo rendido no pudo mantenerme en pie, hasta caer sobre ella. “Vamos a la cama, quiero que me hagas todo lo que sepas. Necesito más que esto. Llévame a la cama” me murmuró al oído. n este momento pensé que no podía dejar pasar la oportunidad y me arme de valor.

Vi que una de ellas me ponía el coño en la cara y empezó a mearme en la boca. No lo había hecho nunca pero me encantó, y así fueron meandome las tres mientras yo con mi lengua las comía el clítoris y se retorcían de placer. Parecían perras en celo. Estuvimos follando y chupando durante 3 horas. Una se sentaba en cima, la otra me comía los huevos, otra se sentaba en mi cara y así se iban turnando. Parecía que no iban a tener fin. Es difícil organizar una continuación cuando puedo leer que casi todas rondan por situaciones similares y son criticadas por la falta aparente de emotividad, pero créanme que son muy jugosas. Lo que hoy he de contar no tiene segunda parte, pues solo se ha tratado de una acción furtiva y no dio para más. La víctima, Mabel, es rubia, cincuentona, mal atendida y por lo demostrado después muy formal, pero para nada fría. Mabel dista notablemente de ser una sex-symbol. Para su altura (1,68 m), guarda varios kilitos derramados por su figura. De escasos pechos, dejó caer gran parte del excedente a su cola, blanda, blanca y muy pronunciada. Presentada la dama, vamos a la acción. Desde hace unos cinco años, trabajamos juntos y me ha hecho blanco de numerosas chanzas, pues es evidente que me tenía muchas ganas y he logrado evitarla con esquives típicos de un torero. En el mes de marzo, por las clásicas reglas del juego de la docencia en mi bendito país(Argentina), perdí el 50% de mi trabajo con todo el trastorno que ello genera. Las deudas, los requerimientos de la tarjeta de créditos y otros detalles me habían puesto en una situación para nada agradable. Los intentos infructuosos de conseguir nuevas horas de trabajo me estaban agobiando pues las respuestas eran negativas una y otra vez, hasta que un martes sobre las 14 horas sonó el teléfono de mi casa. Llegó el día 4 de abril y con ello el sueldo. Mis finanzas estaban agradecidas, pero alguien más quería tener una cuota de gratitud. Mabel, llamó nuevamente y me recordó sus palabras de aquella tarde de Marzo. Yo me corrí tres veces, ni que decir que en sus bocas porque no dejaban escapar ni una gota. La cama estaba empapada de corridas, meadas, pelos de coño... yo estaba en el paraíso... tres abuelas zorronas solo para mí. Les tuve que decir que pararan, pues no veían el fin. No se cansaban de chupar. “Traer unas masas, que yo te preparo un buen café, ¿ok?” fueron sus palabras. Sin negarme, pasé por una confitería donde compré el pedido y me dirigí a su casa. Al llegar, la misma imagen que aquel día, ventanas bajas y silencio total. Parecía una copia de aquella tarde; nuevamente el timbre, el grito “Ya va” y la puerta que se abrió apenas, ella con el cabello revuelto con cara de dormida, pero esta vez la apertura fue mayor, como para dejarme ingresar. Traspuse la puerta, y recién allí volví mis ojos para verla.

Nos vestimos y me dijeron que había que repetirlo, y así fue, a la semana siguiente y tras acabar la partida, cuando mi madre se marchó, rápidamente me llamaron para que fuera a su casa... y así seguimos, cada fin de semana me monto la fiesta con estas tres hambrientas maduras. Todos los sábados mi madre solía jugar a las cartas en casa con tres amigas. Cada día les tocaba en casa de una y ese sábado era en casa de mi madre. Mi madre tiene 60 años y es separada desde hace 9 años. Sus amigas dos son viudas y una casada. Una tiene 55, otra 62 y otra 65. Yo había ido a tomar café con unos amigos y regrese a casa para estudiar. No les he dicho que tengo 25 años y las mujeres maduras me apasionan. Tenía una amplia remera que apenas llegaba unos diez centímetros por debajo de su cola y dejaba ver claramente que no tenía corpiño, dada la posición de sus pechos y la marca que dejaban los pezones. Estaba descalza, y se me adelantó camino a la cocina. Pues este relato me está sucediendo en la actualidad y estoy pasando una temporada feliz a nivel sexual. Resulta que mi mujer no es de la ciudad donde vivimos y los fines de semana solemos ir a casa de mis suegros a visitarles. Mi suegra es una señora de 55 años, bajita, de unos 80 kilos y con unas tetas y un culo soberbio. Desde que la conocí, y puesto que yo ya tenía experiencia con señoras de esta edad, mi deseo por llevarla a la cama cada día era mayor. Todo comienza un día, que fui al servicio de mi suegra y me encuentro el cesto de la ropa sucia allí. Encima de toda la ropa, estaban unas bragas sucias, utilizadas por ella. Eché el pestillo de la puerta y comencé a olerlas y a comerme toda esa maravillosa mezcla de flujos que tenía manchadas. Me hice una paja monumental. Entre en casa y mi madre se acababa de ir al hospital porque una prima suya se había puesto enferma y las amigas de mi madre seguían jugando en mi casa. Al entrar por la puerta salude y las amigas me miraron con cara sonriente y bastante picaronas. Las tres estaban entradas en carnes y por sus miradas sé que estaban bastante calientes. Yo les sonreí y me fui al cuarto a estudiar. Así fueron pasando los días y cada vez que iba al servicio buscaba entre la ropa sucia y siempre solía encontrar 2 o 3 bragas sucias las cuales me comía vorazmente. Un sábado me encontraba, o eso creía yo, solo en su casa y estaba bastante caliente y me fui al servicio dispuesto a comerme alguna braga de mi suegra.

Escrito por: Carlos | 02:53 PM | Comments (0)