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Mayo 16, 2005

Agradable sorpresa

Me llamo Mario y mi mujer Patricia, salimos desde hace ya muchos años con otra pareja de amigos, José y Mari. Un domingo estábamos tomando el café rutinario y mientras reíamos de las cosas que contábamos coincidí con la mirada de Mari y me fijé por primera vez en la pareja de mi amigo.

Desde ese día me di cuenta de que a ella le ponía nerviosa que le mirase de esa forma tan especial, pues sin dar síntomas de evidencia los dos sabíamos que existía algo de química en todo aquello. Empecé a darles caña, ha hacer las típicas bromas delante de nuestras parejas de decir al despedirnos; “Bueno esta noche te espero a ti en mi portal, ya sabes llévate la ropa interior que a mí me gusta... y cosas y tonterías de ese estilo”. Al cabo de unos meses esas bromas eran muy comunes entre nosotros, esas pero más verbales ya que José, a veces hasta se colaba con sus comentarios, lo cual daba lugar a un pique continuo entre Patricia y Mari. Pero aún así no se nos hubiese pasado por la cabeza nada más. Un buen día estábamos Patricia y yo en casa viendo en Internet una Web amateur donde salían Parejas como nosotros y que nos gusta y excitaba mucho visitar. Cual seria nuestra sorpresa a ver que una de esas eran José y Mari, aquellas imágenes del coño abierto y húmedo, de penetraciones por todos lados y mamadas me vino por un instante a la cabeza la imagen de Mari riéndose, aquellas fotos de nuestros vecinos eran morbosas y excitantes tanto que Patricia y yo no pudimos evitar de follar en la misma silla del ordenador, Patricia se sentó encima de mí y era tal la excitación que llevábamos los dos que de cuatro empujones le llene su coño de leche mientras Patricia alcanzaba un orgasmo de los mas ruidosos. Después del polvo pensamos en como iban a ser nuestras relaciones con José y Mari ahora que los habíamos visto follando de todas las posturas imaginables y esas mamadas de Mari a José nada mas pensarlo mi polla se ponía tiesa. Patricia entonces tubo una feliz idea, me dijo y porque no contactamos con ellos atraves de email y le mandamos unas fotos nuestras, bastante camufladas para que no pudieran conocer la casa, la idea me pareció estupenda y nos pusimos manos a la obra, durante varias semanas a pesar de vernos en el colegio o por la calle o de vernos en casa ellos no sospechaban que la pareja de su misma ciudad que estaban intercambiándose fotos y comentarios de lo mas morbosos y viciosos éramos nosotros. Cuando nos juntábamos a tomar algo en su casa para asi evitar que las imágenes que les mandábamos por Internet le recordaran nuestra casa los comentarios subidos de tono aumentaban y yo notaba como Mari me miraba raro y sus miradas bajaban hacia mi paquete.

Un día recibimos un correo de nuestros vecinos en el nos proponían que ya que éramos de la misma ciudad si podíamos vernos para cenar y tomar algo para conocernos mejor y eso si nos recalcaban que sin animo de ningún intercambio. Patricia y yo nos miramos al leer el correo y yo sin ningún corte le propuse a Patricia si no le gustaría por una noche follar con otro hombre, ella me miro como si viera un bicho raro, pero luego meditando un poco me dijo ese hombre puede ser José; “Pues claro tonta ya vistes en las fotos el pedazo de polla que tiene y a mí me gustaría probar ese coño de Mari y poder darle por el culo como hacia José en las fotografías”. Se me ocurrió una idea que era genial, buscar primero el entorno ideal, y preparar el terreno de una forma premeditada, entonces pensamos en nuestra casita de la costa, los cuatro solitos sin los niños el marco era el ideal para una buena orgía que en el fondo era lo que sin buscarlo realmente deseábamos. Quedamos el sábado por la noche en un céntrico bar de nuestra ciudad ya les habíamos dicho que después de conocernos si les apetecía podíamos ir a nuestra casita que teníamos en un Urbanización de la costa y ellos en principio dijeron que solo les apetecía conocernos en persona y tomar unas copas. Cuando aparecimos en el bar la cara de sorpresa que se le quedo fue de película de risa pero enseguida se rompió el hielo cuando le dije a Mari que al natural estaba más buena que en Internet y José el muy golfo le dijo a Patricia que el nunca hubiera imaginado que tuviera el coño depiladito tan jugosito. Bueno y después de estos comentarios nos sentamos a tomar algo y la conversación iba subiendo de tono Mari no paraba de mirarme disimuladamente mi paquete y entonces fue cuando propuse lo de pasar el fin de semana siguiente sin los niños en nuestra casa de la costa Mari me sonrió y a José le brillaban los ojos nada mas de pensar en que podía follarse a mi mujer Patricia y por supuesto aceptaron encantados. Por fin llegó el fin de semana, llegamos el viernes noche y a preparar la cena que ya era tarde, y para lo que yo había pensado la cena era importante, Saqué una buena botella de vino, de esas que con una copa ya lo notas. Estuvimos viendo la tele, que gracias a dios no había nada como de costumbre, empezamos con las copas y con el trivial. Comencé con las bromas de turno, y rápidamente fuimos acompañados por las risas mezcladas con el alcohol.

Como las bromas Mari y yo, esta andaba pegadita a mí y agarrada, siempre con el rollo de tirarnos los tejos en broma. Pero mi mente que había organizado, todo llevaba su propio ritmo, con las consecuencias de los nervios y de nunca encontrar la manera ni la forma de decirlo. Cuando llegó la hora de retirarnos cada pareja a su habitación, Mari entró en la cocina para coger agua, yo entré tras ella riéndome de la borrachera que llevaba encima y de los comentarios de esta gente, así que cuando Mari llenaba el vaso me pegué tras ella y con y mis manos sin vergüenza se agarraron a sus tetas y Mari lejos de cortarse me cogió una de ellas y la bajo hasta su entrepierna y la acompaño por debajo de su corto vestido y ella misma me metió mi mano entre sus bragas y yo mismo pude comprobar lo mojada que estaba mientras me decía joder Mario creí que nunca te ibas a decidir a meterme mano por que después de haber montado todo este fin de semana no será solo para jugar al trivial. Yo ya no me corte y le dije por supuesto que no zorrita llevo mucho tiempo deseando follarte y después de ver tus fotos en Internet supe que llego el momento de hacer realidad mi fantasía. “Tu crees que José y Patricia se entenderán en el Sofá” le dije yo. “No te preocupes José se encargara de ponerte los cuernos más grandes que hallas visto” dijo Mari riéndose mientras se agachaba y sacaba mi polla del pantalón estaba grande y lista para una mamadita, Mari comenzó a chupármela con mucho vicio y a cada lametón yo sentía contracciones en mi culo joder como la chupaba. Mientras tanto en el sofá José no perdía el tiempo y empezó a comerse literalmente a Patricia, pues como ya dijo en la cena le habían gustado mucho las fotos de Patricia y su coño depiladito y jugosito. Yo sentía los gemiditos de placer de mi Mujer y eso me excitaba y junto a los lametones de Mari me estaba poniendo a 1000. Puse a Mari a cuatro patas apoyada en la fregadera y abierta de piernas y asi por detrás le pegue un pollazo para que empezara a disfrutar y ya que José me iba a poner unos grandes cuernos y no iba a ser menos y empezaron los vaivenes en su coño los grito de Mari se confundían con los de Patricia a José tambien la estaba haciendo disfrutar de lo lindo. Cogí a Mari en brazos y la puse encima de la mesa de la cocina bien espatarrada y comencé a comerme su jugoso coño que este ya estaba lanzando jugos pre orgásmicos, hasta que Mari no aguanto más y se corrió en mi boca. Yo sentía como sus jugos calientes y salados resbalaban por mi boca y me los tragaba. La deje un momento tumbada en la mesa y me asome sigilosamente al salón viendo como Patricia cabalgaba sobre la polla de José y empezaba a correrse, yo conocía a mi Mujer y sabia que aquellos gritos y esos movimientos eran de un gran orgasmo y en el fondo me alegraba de que ella tambien disfrutara de la velada.

Volví a la cocina y Mari seguia tumbada en la mesa entonces abrí la nevera y saque un enorme pepino y un plátano y riéndome me acerque a Mari diciéndole vamos a comprobar si tu conejo es vegetariano y ella sonriendo me contesto no se pero dame eso que lo voy a comprobar ahora mismo y sin cortarse se bajo de un salto de la mesa y empezó a chupar el pepino poniendo un pie en el taburete de la cocina y dejando su coño bien abierto empezó a meterse el pepino en su coño la situación me ponía a cien o a mil por hora mi polla iba a reventar. En eso que sentí risas a mi espalda y vi a José y Patricia observando la situación y Patricia que vio el plátano en la mesa no se corto y cogiéndolo empezó a darle chupetones, para luego apoyando su pierna en otro taburete metérselo en su jugoso coño la visión de dos hermosas mujeres masturbándose con esos vegetales nos ponía a José y mi cachondos y no me lo pensé me acerque a Mari por detrás y mientras ella se pajeaba con el pepino mi lengua empezó a lamerle el culo para mojárselo, un poquito después fue mi dedo el que se introducía en su culo. Mari gritaba y no de dolor pues le gustaba creo que ya llego el momento de que la enculara y asi fue, le metí mi polla hasta el fondo de su culo y Mari empezó a moverse como una posesa no se estaba quieta con el pepino y eso hacia que mis enculadas cada vez fueran más fuertes. José viendo la situación miro a Patricia y esta sonriendo le dijo a que esperas cabroncete mi culo te esta esperando no solo de plátano vive mi cuerpo y acercándose por detrás y haciendo la misma operación que yo hiciera antes, enculaba a Patricia sin miramientos. Los cuatro estábamos disfrutando de la velada al máximo ellas se iban a correr enseguida con el pepino y el plátano en sus coños y nuestras pollas en sus culos, el orgasmo no les tardo en llegar a ellas y nosotros ya no aguantábamos más y sacando nuestras pollas de sus culos las pusimos de rodillas delante de nosotros para que nuestro semen recorriera sus labios y empezamos a soltar leche que tanto Mari como Patricia recogían con sus lenguas para que no se desperdiciara ni gota y asi acabamos los cuatro agotados pero satisfechos y como todavía era viernes nos quedaba todo el sábado para seguir disfrutando nos fuimos a dormir pero los cuatro juntos ya que eso daría mas morbo al despertarnos.

Escrito por: Carlos | 10:30 AM | Comments (0)

Mayo 02, 2005

Un día en la Gomera

Mi mujer, Alba y yo íbamos a diario a la playa, o bien hacíamos excursiones, y por las noches disfrutábamos tranquilos en el apartamento o salíamos a tomar copas aprovechando el perfecto clima canario. Unas vacaciones totalmente antiestrés.

Nuestra playa de referencia, más por cercanía que por que nos encantase era la de las Américas, siempre atestada de británicos y alemanes. Hartos de semejante paisaje veraniego decidimos investigar nuevos lares, donde sobre todo, poder aposentarnos con una cierta intimidad y no a tres centímetros de grupos de guiris aficionados a los vapores etílicos. Y como preguntando se llega a Roma, decidimos coger el ferry y acercarnos a la Gomera. Allí descubrimos un lugar de arena negra y salvaguardado de muchedumbres por hermosas montañas volcánicas. La cala de la Hermigua se llama. Y en la cala pasamos el día, rodeados tan sólo de algunas parejas, muchas de ellas nudistas, y el resto en top less. Alba no es muy partidaria de enseñar su cuerpo. Sus razones, desde luego, no son puritanas sino más bien pudorosas. Yo la intenté convencer de que al menos se quitara la parte de arriba del bikini. De hecho era la única mujer en toda la caleta que llevaba la prenda. Pero se resistió. Sus argumentos siempre son los mismos, sostiene que tiene los pezones muy grandes y que le da vergüenza. A mí, todo sea dicho, sus pezones me encantan y siempre me ha dado cierto morbo compartir esa vista de la que yo disfruto a menudo con los demás. Finalmente decidí pasar a la acción y fui yo quien se despojó del bañador. Parece que tomé la medida acertada porque finalmente, cedió a mis peticiones y se despojó de la parte de arriba del bikini. Y así seguimos en la playa tomando el sol, paseando, bañándonos y yo cada vez más excitado por la situación. Repito que la exhibición de los pechos de mi mujer me producía cierto morbo. El caso es que fue atardeciendo y al tiempo vaciándose la cala. Paseando llegamos a un lugar resguardado por rocas, ahí nos sentamos a contemplar la puesta del sol, y con el día que llevaba no pude evitar ponerme cariñoso con Alba. Comencé a besarla y yo ya con una erección completa y envalentonado por la soledad del lugar comencé a meter mano a Alba por debajo de la braguita del bikini. Estaba excitada se le notaba en la humedad de su vagina y por lo tanto seguí adelante la tumbé en la arena, la despojé de su prenda y levantándole las piernas le introduje el pene. El calentón del momento propició un rápido orgasmo conjunto. A mi mujer y a mí siempre nos ha gustado hacer el amor al aire libre. Aunque tímidos, sobretodo ella, cuando la pasión nos puede no nos cortamos. Y en alguna situación nos han pillado. Ese fue el caso de aquel día. Cuando acabamos y fuimos más conscientes de nuestro entorno pudimos ver a una pareja que nos observaba a una cierta distancia. No sabemos cuanto tiempo llevaban mirando, pero pillarnos nos habían pillado. Alba se puso la parte de abajo del bikini. Y decidimos ir a por el resto de la ropa. A ella no le hacía mucha gracia pero para mi morboso cerebro la situación era de lo más satisfactoria. Cuando llegamos a nuestra toalla era prácticamente de noche y decidimos emprender el regreso porque debíamos coger el ferry de vuelta a Tenerife.

Pero la jornada nos iba a deparar nuevas sorpresas. Nos perdimos con el coche alquilado que llevábamos y cuando por fin llegamos al puerto, el ferry estaba ya en su destino. La situación por tanto no era halagüeña. Estábamos en la Gomera, sin hospedaje con poca ropa y eran las 10 de la noche. La verdad el día había ido muy bien pero ahora estábamos de bastante mal humor. Aún así nos pusimos en marcha para buscar donde dormir esa noche. En plena temporada alta y dadas las horas, el asunto no se presentaba fácil. Preguntamos en varios hostales y la respuesta fue la misma en todos: “Completo”. Sólo se me ocurrió una solución dormir en una playa. No era la primera vez, cuando éramos más jóvenes lo hacíamos a menudo, ahora ya con cerca de 30 años y más aburguesados la idea no nos hacía tanta gracia pero decidimos animarnos tomando una copa en algún chiringuito para, al menos, disfrutar de la noche. Alba era la más reticente al plan, pero no había otro. Aún así en la terraza donde fuimos pensó en hacer un último intento y preguntar al camarero si conocía algún lugar donde pudieran darnos cama. El camarero no nos proporcionó ninguna solución pero la conversación la escuchó una mujer que estaba en la barra pidiendo su consumición. Se acercó a Alba y le dijo en un bonito acento canario. Esa era la parte del plan que meno nos gustaba. No es que seamos antipáticos, pero tampoco destacamos por nuestra sociabilidad. No somos la clase de pareja que se va de vacaciones y acaba haciendo amigos. Aún así la simpatía de Carmen calmó nuestras reticencias. Era una mujer algunos años mayor que nosotros, de unos 33 o 34 suponía yo. Muy morena y de caderas anchas que para mí al menos es un punto de atractivo. Su pelo largo lo llevaba suelto y caía sobre los hombros descubiertos por una camiseta de tiras que le realzaba sus pechos todavía en buena forma. Así llegamos a la mesa donde nos esperaban el marido de Carmen y su pareja amiga. Les explicó la situación y la oferta que nos había hecho y los tres inmediatamente aceptaron con enormes muestras de satisfacción. La verdad es que, este grupo rebosaba simpatía y hospitalidad. El marido de Carmen, Carlos, era un hombre de su misma edad, también muy moreno, atractivo aunque ya se vislumbraba cierta barriga cervecera. La otra pareja no era canaria, eran vascos, más jóvenes que sus anfitriones, rodeando la treintena como nosotros. La chica Nerea era rubia y de ojos marrones, y su novio Iñaki moreno y de pelo corto ambos con cierto aire norteño por sus espaldas anchas y rostro alargado, en conjunto daban apariencia de ser gente sana y atractiva.

Nos ofrecieron sitio en su mesa y allí empezamos a conocernos, a hablar de nuestros orígenes, vacaciones y aventuras. La conversación era fácil entre todo el grupo ayudada por una cuantas cervezas y copas. Supimos que ellos se habían conocido este verano y que Carmen y Carlos habían convencido a Nerea e Iñaki para dejar el hotel donde estaban hospedados y alojarse en su casa. La hospitalidad del matrimonio canario no tenía limites. Estos vivían en Santa Cruz de Tenerife pero en verano se trasladaban a su casa de la Gomera. La noche transcurría de forma amena entre conversación y copas. Carlos propuso irnos para casa y allí preparar unos mojitos y seguir con la tertulia y a todos nos pareció bien. Y allí que nos fuimos, a una casa de tres pisos, de arquitectura mahorera. Desde la terraza-azotea contemplábamos el mar. Carlos puso música y mientras Carmen y Alba preparaban los mojitos. Eran cerca de las dos de la mañana pero ninguno de los 6 demostramos interés alguno por acostarnos. Una hora y tres rondas de mojitos mas tarde la conversación seguía muy animada. Fue aproximadamente a esa hora cuando la noche iba a dar una nueva vuelta de tuerca. Nuestros recientes amigos nos contaron que se conocieron en la caleta de la Hermigua practicando nudismo. Nosotros nos sorprendimos por la casualidad .No supimos como reaccionar. No nos dio tiempo en su momento a fijarnos en la pareja que nos había pillado en media faena, y ahora resulta que habíamos acabado en su casa. Pero fue Carmen quien nos contó algo más sobre nuestra pareja anfitriona aprovechando el tema. Yo sabía a que se refería, con lo de swinger, de hecho es una de las fantasías que me rondan la cabeza desde hace tiempo, pero sólo como eso, fantasía, más que como potencial realidad. Siempre me ha excitado mucho imaginarme a Alba con otros hombres (y mujeres). A lo largo de nuestra relación no hemos sido especialmente celosos ni fieles, y cuando Alba me confesaba que había tenido alguna aventura, en lugar de enfadarme me provocaba una profunda excitación, que con ella intentaba disimular y aparentar cierto malestar. Normalmente lo mínimo indispensable para mantener una imagen de novio al uso. Ella también era bastante tolerante con mis escarceos con otras mujeres. Pero ni mucho menos nos habíamos planteado el adentrarnos en el mundo del intercambio de parejas. Tanto es así que Alba desconocía el término swinger

A lo que Nerea e Iñaki asintieron. Los cuatro nos contaron sus experiencias veraniegas que incluían intercambio y fiestas de alto voltaje. Total, que sin comerlo ni beberlo, nos encontrábamos alojados en la casa de un matrimonio liberal que compartían estancia con otra pareja liberal. Yo empezaba a encontrar interesante la situación. Mi fantasía de compartir a Alba unida a los ya bastantes litros de alcohol ingeridos eran una mezcla peligrosa. Nunca me había atrevido a comentar abiertamente con Alba estos deseos liberales. Aunque entre bromas solíamos calentarnos con jueguecitos de roles en los que, a veces, me pedía que interpretara a otro, mientras ella disfrutaba simulando ser una esposa adúltera. También le gustaba excitarme con el recuerdo de sus experiencias lésbicas de su adolescencia. Ella sabe muy bien que esto suele ser una técnica que garantiza al cien por cien mi punto de ebullición sexual. Pero como digo, nunca me había atrevido a proponerle acudir a un club de parejas o contactar con alguien a través de Internet porque hasta yo dudaba que fuera a acabar bien la experiencia. Y no ya porque Alba lo rechazara sino porque no sabía como podía responder yo mismo. Me lo tomaba sólo como una de mis muchas fantasías. Pero ahora la situación era distinta, estábamos en la boca del lobo y yo estaba expectante. De momento lo que me sorprendió fue la curiosidad de Alba por el mundo swinger. Animada por las tres o cuatro copas que llevaba en el cuerpo no paraba de hacer preguntas a los cuatro amigos sobre este mundo.Lo preparamos todo incluyendo una nueva ronda de mojitos. Íbamos a jugar al rey, esclavo y verdugo. Juego que consistía en que uno ordenaba, otro ejecutaba y un tercero “sufría” la orden. Peor para no empezar muy fuerte la primera parte del juego sólo sería de quitarnos prendas. No llevábamos muchas todos estábamos en pantalón corto y camiseta. Con lo cual esta parte del juego se presumía breve. Empezó perdiendo Nerea que con un gesto de falso pudor se desprendió de una de sus sandalias. La siguiente fue mi mujer, Alba que siguiendo los pasos de nuestra amiga también se descalzó. Unas rodas más adelante, sólo yo seguí con mis chanclas en los pies el resto debía ya de perder alguna prenda “interesante”. Sin embargo mis expectativas se vieron defraudadas porque el siguiente en quitarse la camiseta fue Carlos que dejó al aire su saludable torso con su incipiente barriga.

Escrito por: Carlos | 10:28 AM | Comments (0)